En El Salvador gozamos de dos estaciones: la lluviosa y la seca; llamadas también: invierno y verano.

Son seis meses de verano; de finales de octubre a mediados de mayo, prácticamente de noviembre a abril. Estos seis meses de estación seca comprende noviembre, diciembre y enero, meses de viento y temperaturas agradables, cielos azules y despejados. Una sola nube no se ve en el firmamento. Los famosos vientos de octubre, los que conllevan una agradable temperatura promedio de 26 C; recordamos al famoso poema de Alfredo Espino, Los Vientos de Octubre, que en su primer párrafo nos dice:

¡Quizás ya no venga! ¿No s’hia dado cuenta de que están soplando los vientos de otubre, /y que el barrilete vuela, y ya no cubre como antes al cerro, nube de tormenta? /Hoy s’iajusta el año y él me dijo: «Anita, entre algunos días regreso por vos»; /pero no lo quiso quizá tata Dios ¿Verdá, madrecita?

Se hace tan corta esa temporada de los cielos azules, firmamento despejado de nubes, temperatura agradable que hasta frío puede llegar a sentirse, sino en la costa o San Salvador, en lo alto de los volcanes. Hasta 6 C. Se van  los meses de temperatura agradable, llegan entonces los meses de calor insoportable, la semana santa, y la víspera de la estación lluviosa trae consigo el vapor, la estación verdaderamente seca, los montes y orillas de las carreteras se llenan de chiriviscos ;de los molestos mosquitos e insectos y, entonces, deseamos de nuevo las aguas que nos caen en forma de tormentas tropicales retumbando los truenos estremecedores que dan miedo a algunos; los relámpagos que iluminan hasta el rincón más oscuro  y rayos ensordecedores de los que huimos y nos escondemos, sin pensar que nos encontrará donde estemos.

Y es entonces que acá en San Blas, comienzan las penurias al perder energía eléctrica, al estar atentos de no dejar una ventana abierta por donde se cuele el agua y/o estar atentos a que no haya goteras del techo y los bota-agua que estén limpios de hojas, basura y lodo. Se levantan las olas más grandes, ideales para los surfistas, y nos encontramos a veces que el mar se ha metido al club de playa y ha inundado todas las áreas engramadas o dañado la infraestructura del club de playa.

Al otro lado de la medalla, le damos gracias a Dios que llegaron las lluvias, y oramos y pedimos lleguen justo lo que necesitamos para alimentar los sembrados de maíz y maicillo y pensamos en los menos afortunados que se cubren y protegen de las fuertes lluvias y vientos huracanados que les libre los techos de lámina y plástico, y que los ríos no se crezcan porque les arrastra sus posesiones. Y se llegan a perder vidas.  Despertar a las lluvias después de un verano apacible y sofocante es beneficioso pero también contencioso.