Hay una diversidad de maneras de como podemos decorar nuestros jardines. En los dos números anteriores de El Blaseño presentamos una de esas maneras: el uso de mosaicos y mostramos la forma de elaborar esas decoraciones. No solo nuestros jardines lucen más bonitos sino que también le damos una terapia a nuestro cerebro cuando trabajamos nuestros diseños.

En esta oportunidad escribimos sobre las macetas, importante elemento decorativo, tanto en el interior como en el exterior, de nuestras casas. Me atrevería a decir que cada una de nuestras casas en El Salvador, por humilde que sea, tiene una maceta. A pesar de ser tan desprestigiadas las pobrecitas, ahi están entre nosotros alegrándonos en combinación con su contenido, la planta que albergan, las cúales muchas veces no solo adornan sino que también proveen la medicina que necesitamos para algún malestar o dolor. Digo desprestigiadas, porque las ocupamos en frases cómo la siguiente: “El que nace para maceta, no pasa del corredor” refiriéndonos a la falta de aptitud de algunas personas, que no consiguen lo que se proponen por más que se esfuercen.

Las macetas pueden ser elaboradas de muchos materiales: cemento, aluminio, porcelana, alambre, plástico, hule, hiero, etc., pero la más común y talvez la más bonita, es la de barro. Hay macetas de piso, colgantes, de mesa, de escritorio, de patio, de corredor, etc.  Usando nuestra creatividad las podemos embellecer pintándolas de diferentes colores o dibujarles figuras, decorarlas con mosaicos. Tambíen podemos hacer diseños muy bonitos con la combinación de ellas.

Pero, la maceta por si sola no es suficiente. Hay que sembrarle una planta para completar la combinación decorativa. Y recordar que cuando le sembramos una planta a una maceta hay que asegurarse de que tenga agujeros en su base con el propósito de drenar el exceso de agua y de esa manera evitar que las raíces de las plantas se pudran.

Alegremos nuestras casas, lugares de entretenimiento o de trabajo agregándole una maceta con una bonita planta.