Primero de enero, la puerta que nos introduce a un nuevo año lleno de esperanzas, de propuestas, de planes de vida. El “Feliz Año Nuevo” que nos damos, tiene mucho sentido. Los jefes de estado envían sus mensajes de paz a sus pueblos, inclusive aquellos que son dictadores. Igual lo hacen los guías espirituales. Al igual que sus antecesores, el Papa Francisco, nuestro primer pontífice latinoamericano, dará su discurso el 6 de enero y como ya es tradición, el tema será la paz. Esa paz es la que esperamos los países grandes y pequeños, las familias, la sociedad, sus organizaciones. Esa paz la queremos en nuestro Condominio San Blas lo mismo para las familias dueñas de casas como para las familias de nuestros trabajadores.

Encontrar una definición del término paz no es una tarea sencilla. Muchas veces usamos términos que de antemano los damos por conocidos y no es así. La pregunta nos obliga a buscar en diccionarios, enciclopedias, tal como Wikipedia, y en libros religiosos la definición de paz. Los resultados de esa consulta nos conduce a proponer la siguiente definición: “Paz es la constante recreación de la armonía entre el cuerpo y el espíritu a nivel personal y comunitario, en un ambiente ecológico, social, económico y político, bueno y bello”.

La paz está basada en el paradigma de la vida y en el “oikos”, pacha mama o casa común en que vivimos todas las criaturas; paradigma opuesto al que hemos recibido que está basado en dos elementos esenciales: la riqueza y el individuo. La riqueza, que es el resultado de la acumulación de los ingresos netos y que necesita de la posesión de medios generadores de los mismos como son la tierra y su transformación, la mano de obra productiva, el proceso de producción y el sistema que organiza y determina el destino de lo producido, que al final es el individuo, lo que genera el individualismo, el mal de nuestros tiempos.

El año 2020, que pasará a la historia como un año extremadamente difícil, ya llegó a su fin. Nos deja de herencia la pandemia de Covib-19, la escasez de trabajos, el incremento de la pobreza, del hambre, un año record en el número de huracanes y de inundaciones y una crisis aguda política debido a las locuras de un presidente narcisista y zángano llamado Trump y de un soberbio ignorante que en el Mozote llamó a los Acuerdos de Paz entre la guerrilla y el ejército una “farsa”. Anders Compas, exembajador de Suecia en Centroamérica y exfuncionario de las Naciones Unidas le recordó a Nayib que él “también es resultado de los Acuerdos de Paz” y Geoff Thale, presidente de la prestigiosa organización WHOLA, comentó: “El Salvador es un ejemplo para el mundo en temas de Acuerdos de Paz… Llamarle a los Acuerdos de Paz una farsa, a mí me preocupa mucho”.

A pesar de todo, quien más, quien menos tiene muchas razones para dar gracias al Señor de la Vida y formular propósitos positivos para el año 2021, que enaltezcan nuestra Comunidad de San Blas. Me parece que el propósito más importante es convertirse en constructor de paz, en cultivador de la armonía entre el cuerpo y el espíritu a nivel individual y comunitario.

El paradigma que propone es el retorno a la bondad de la creación o la integración del ser humano al lugar que le corresponde como parte de la tierra, hecho a imagen de Dios, o sea, aquella parte de la creación que tiene de particular el poder de pensar, amar, crear y actuar libremente y por eso puede servir al resto de las criaturas que constituyen el universo físico y espiritual. Creemos que en este paradigma se da una reconciliación de todas las cosas, necesaria para la verdad, la justicia, el amor y la paz.