Son las 6:45 a.m., hace un poco de calor en esta mañana típica soleada. La noche anterior había caído una buena tormenta en San Blas. El parqueo del Condominio que hasta hace poco estaba vacío comienza a tener vida. Llegan los primeros trabajadores quienes se van agrupando para hacer sus comentarios sobre lo que les ha sucedido en el trabajo o la casa. Estos días la mayoría de las pláticas es sobre el COVID19 o la milpa. Mientras hacen sus comentarios afilan sus machetes para la jornada del día.

Aproximadamente a las 7:00 a.m. llega Juan y se organiza la formación.

Trabajadores reunidos previo a iniciar labores. Foto: EB/MR

La formación es una experiencia que se remonta a la vida en las fincas o haciendas de El Salvador.  Los trabajadores se agrupan alrededor del encargado, en este caso Juan (en estos días de pandemia guardan una distancia de 2 metros entre ellos) para escuchar las instrucciones, recibir informes, presentar las quejas de los propietarios, “jalarles” las orejas por sus fallas, etc. Es una reunión corta. Luego se mueven hacia el área en la que harán lo que ellos le llaman “trabajo comunitario”.

Este trabajo diario, en el que se incorporan todos hasta las 9:00 am aproximadamente, incluye diferentes tareas, entre ellas, chapodar los terrenos baldíos, cortar la grama de las áreas verdes, limpiar la playa y el club los fines de semana, limpiar la cañada, etc. Es decir, en ese período de tiempo se encargan de limpiar y embellecer las áreas verdes/comunes del Condominio.

Luego se mueven a las propiedades, ya sea para limpiar las 16 piscinas o atender los 10 jardines asignados. Cuando comienzan esta segunda parte de la jornada ya hay un cansancio acumulado. Toman un receso como a las 10:00 am, hacen la “cabuda” para comprar su Coca Cola y los churritos. Su jornada termina a las 4:00 pm.

Por otro lado, los trabajadores de mantenimiento se desplazan a diferentes lugares para hacer labores de albañilería, electricidad o fontanería, o se incorporan a la recogida de la basura. La jornada de los piscineros, jardineros y trabajadores de mantenimiento es bien agotadora.

La mayoría de los propietarios desconocen la ardua tarea que día a día realizan estos valiosos seres humanos. Hay incluso algunos propietarios que los insultan y humillan. El Blaseño hace un llamado a los propietarios a reconocer, respetar y apreciar el trabajo que realiza nuestro personal. No olvidemos que el Condominio Recreacional San Blas tiene dos recursos sin los cuales este residencial no es nada: su personal y el agua. ¡Cuidémoslos!