Para muchos capitalinos la Feria de Agosto es algo que nos trae bellos recuerdos de nuestra niñez y adolescencia. Nuestros padres tenían que rebuscarse para conseguir algún dinerito para llevarnos a los cipotes a la Feria y con el tiempo, nosotros en nuestra adolescencia para ir con nuestras novias o novios.

El ambiente de la Feria era único el cual nos producía tanta alegría. No importaba la gran cantidad de gente empujándose unos a otros, las grandes colas para subirnos a las “ruedas”, como le decimos a los juegos mecánicos:  los caballitos, la chicago, la voladora, la montaña rusa, el gusano, el pulpo y otras. Algunos nos subíamos con miedo y nos tocaba soltar más de un grito en las alturas.

Un lugar también al que no podíamos dejar de asistir eran los circos. Nos causaba tanta risa escuchar al payaso pedir la tonada al maestro de la marimba para cantar sus canciones llenas de “chabacanadas”. “A ver maestro chuca  cuta tireme aquella que dice lara liara liara liara”. Luego comenzaba a cantar canciones como la Dominga, “Por esta pringa ay ay ay, suspira la dominga ay ay ay…” La marimba fue sustituida más tarde por aparatos de sonido. Parte importante del show del circo eran las bailarinas (entre ellas la piel canela), los contorsionistas, los trapecistas, el tirador de cuchillos, entre otros. La audiencia nos sentábamos en gradas hechas de tablas alrededor de la pista del circo.

En la Feria abundaban las ventas de un montón de “chucherías’ como decían nuestros padres: yuca con fritada o pepescas, panes con pollo, churros españoles, papas fritas, dulces típicos y en los últimos años le agregaron los elotes locos.

Para agregar a la diversión había una sección de juegos como el tiro al blanco, las argollas que se le tiraban a las botellas, los dardos, si teníamos pulso nos ganábamos un peluche. Y por supuesto no podía faltar la lotería con sus cartones, el maíz para marcar la figura que iba siendo cantada, el apuntador, la persona rotando la tómbola y cantando las figuras: “El que se cagó en la estaca y nunca aprendió hablar: El loro. ¡¡¡Lotería!!!

Pero no había Feria sino nos dábamos una buena mojada con una tormenta, no caminábamos en los lodazales, si nos encontrábamos con más de un bolo, el bullicio con sus altoparlantes y la música de los Hermanos Flores.

Como dijo el poeta Rubén Darío: “Juventud divino tesoro, te fuiste para no volver…”.